Leonidas Kavakos nos ofreció una magnífica versión del Concierto para violín de Brahms, tanto desde el punto de vista técnico, resolviendo sin apenas esfuerzo las dificultades de la obra, como desde el musical. En este sentido, hizo una gran interpretación, sincera y sin artificios, pero llena de emoción: la serena delicadeza con que expuso el adagio central fue un magnífico ejemplo de cómo se puede llegar al sentimiento aupándose en la técnica y la corrección.Hubo momentos de una gran tensión expresiva, como el diálogo con la trompa solista de este mismo movimiento o la energía desarrollada y ricamente modulada en elAllegro giocoso final. Abbado y la Sinfónica fueron el complemento perfecto de este concierto: solos (ese oboe de Hill), color, dinámica, ritmo y sentido musical estuvieron a la gran altura que la ocasión requería. La…
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