Con muy buenas interpretaciones empezó este año su temporada la Orquesta Filarmónica de Santiago, que dirige el maestro chileno Maximiano Valdés. Este buen nivel en el que se encuentra la Orquesta no había tenido, hasta el momento, mayores desafíos en el repertorio interpretado, más que, creo yo, una compleja Décima sinfonía de Shostakovich, que la agrupación pudo superar sin mayores sobresaltos. En lo que queda de la temporada, que a mi entender (lo he dicho en numerosas ocasiones), no es especialmente atractiva, y menos temible para los músicos, asoman tímidamente un Bartok y un Respighi que podrían dar mínimos problemas; lo demás es territorio conocido, donde el desafío es proponer, y ejecutar sin equivocaciones, versiones atractivas al público.Este quinto concierto de la temporada se planteaba, a pesar de todo lo anterior, como uno…
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