Ya habitual en los Ciclos de Música Contemporánea de Granada y Sevilla, la ‘carta blanca’ a un compositor se está confirmando en cada temporada como un tentador vehículo para programar obras de alumnos o amigos del compositor protagonista. Sucedió con Tomás Marco y se repitió con Carlos Cruz de Castro y José Luis Turina. No debería ser ese el propósito, antes al contrario, sería una magnífica oportunidad para que el compositor programara un concierto con música de su interés que permitiera al público acercarse a las inquietudes estéticas del creador.Llegaba ahora el turno de David del Puerto (1964), un compositor cuyo talento y buen hacer le están situando a pasos muy rápidos en el reducido olimpo de los músicos de su generación. Y es reducido justamente por la endeblez de las propuestas de muchos de ellos, algunas escuchadas a lo largo…
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