El joven violinista gaditano Pablo Martín Acevedo ya nos había llamado la atención en un reciente concierto de alumnos de la cátedra de José Luis García Asensio, tocando dos movimientos del Concierto para violín de Jan Sibelius, por su musicalidad y buen quehacer. Lo volvió a confirmar en un recital de sonatas, acompañado por Duncan Gifford que, ésta vez sí, pudo demostrar su dominio del piano, más allá del mero acompañamiento.Cuatro sonatas de diferentes estilos, algunas con exigencias técnicas considerables, conformaron el programa. La más delicada, para empezar, la Sonata en si bemol mayor KV 378, de Wolfgang Amadeus Mozart. Fue compuesta en 1779, y para ubicarnos mejor, en el mismo año en que vio la luz la Sinfonía Concertante para violín y viola, con ese soberbio tiempo lento. Se trata pues de una época en que Mozart ya escribía…
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