La mezcla de una simple pero funcional producción del Teatro de la Ópera de Roma con un reparto nacional en las voces originó un L´elisir d´amore que causó su efecto en el Teatro Calderón de Valladolid. Y puesto que no parecía ser la principal pretensión que el elixir, además de eficaz, fuera nutritivo, el público probó y aprobó escena, orquesta y cantantes. A la mezcla aportaban un regusto amargo algunos ingredientes, casualmente los de siempre, como la acústica del Calderón que –por poner tan sólo un ejemplo- restó interés al aria de ‘Dulcamara’ “Udite, udite, o rustici” que, sin excusa para el director de escena, comenzó a cantarse en el interior del carromato del charlatán ubicado en la parte posterior de las tablas. La orquesta, de la mano de Giuseppe Mega, estuvo cumplidora pero con poco brillo, en ocasiones apoyando…
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