Un nuevo acierto de la programación de la Real Filharmonía al reunir dos compositores coetáneos que se mojaban los pies en las frías playas cantábricas con los ojos puestos en la cálida Andalucía, y al añadir otra sinfonía de Shostacovich -y además una que le viene como un guante- al repertorio de la orquesta. En cartel, pues, uno de los programas más atractivos de la temporada; al final, los resultados fueron muy desiguales.
La contribución de Andrés Gaos (1874-1959) al llamado alhambrismo sinfónico (así lo llama Javier Garbayo en las notas al programa de mano) puede medirse con cualquier otra de este género, con una diferencia: los veinticinco minutos de la obra acaban por resultar pesados, y eso es pecado gravísimo cuando se trata de evocar ese paradigma de la comodidad, de la frescura y de la suavidad que está suspendido encima de…
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