El caso es que la cosa, a priori, prometía. Incluso, analizándolo todo tras haber asistido a la representación, parecían haberse reunido los elementos necesarios para que hubiera sido una gran buena función: una música preciosa, una gran dirección musical, un reparto de voces equilibrado en un alto nivel de calidad, agradable escenografía, vestuario vistoso, adecuada iluminación, buena dirección de actores y una dirección escénica dinámica y divertida.
Pero la ópera es teatro y faltó algo esencial, la base misma de una función, o sea un buen libreto. La Finta Giardinera tiene, de una comedia de enredo, todas las características: identidades fingidas, amores imposibles y cruzados, desapariciones y reapariciones, desencuantros y reencuentros... pero le faltan los caracteres..
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