Decía Gérard Mortier, recién nombrado director artístico de la Opera de París, en ‘El Cultural’ del diario El Mundo del 3 de junio, que una temporada operística debía estar pensada como una obra de arte -menor, claro- en sí misma, sabiendo relacionar los elementos de fondo y forma de dicha programación. Entiendo que el programa de un concierto debe regirse por la misma norma, y en este caso el programa propuesto fue en sí mismo una obra de arte.
Empecemos por lo malo. Esta orquesta del Teatro Bellini de Catania es muy joven, no tiene todavía dos años, y adolece de ciertas flaquezas como conjunto en cuanto a sincronización/compenetración, volúmenes, y agilidad en general. Tampoco parece que los Profesores tengan excesivo entusiasmo, o en su defecto concentración, y eso, al final, se nota también. Stefano Ranzani, por su parte, parecía…
Comentarios