Cuando comencé a interesarme por este tipo de cosas, pensaba que un trío con piano era una formación compuesta por cuatro instrumentos, o que un cuarteto con clarinete lo integraban cinco músicos, tan inamovibles me parecían las bases de cuerda en las estructuras camerísticas. La realidad -que es tozuda- me hizo ver mi error; aunque los años –que son aún más tercos- me han llevado de nuevo a los pensamientos iniciales, de modo que, tras el concierto de esta noche, afirmo con rotundidad que he escuchado a un quinteto con aire.
En efecto, el Cuarteto Casals, además de sus cuatro espléndidos instrumentistas, se trajo consigo a un quinto, invisible pero perfectamente audible, sin el que sus interpretaciones no habrían llegado a ninguna parte. Un aire que tuvo que pelear duro contra la acústica sequísima del compostelano Teatro Principal. Pero…
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