... pero entonces ¿ya no vamos a tocarlas como las hemos tocado siempre?’, le preguntó aterrorizado un violinista de la Filarmónica de Viena a Simon Rattle, al comenzar los ensayos de su hoy célebre ciclo de las sinfonías beethovenianas. La respuesta ya la conocen ustedes: la invasión de los criterios historicistas y la implantación de la nueva edición Bärenreiter de estas sinfonías han hecho que todos seamos un poco más pobres, al conseguir que las grandes orquestas suenen como orquestas menos grandes cuando tocan Beethoven, y que las orquestas mediocres disimulen sus carencias a base de velocidades, asperezas, sequedades y vibratos presuntamente auténticos.
En asunto de coros también estamos más empobrecidos, porque la cosa no va mucho mejor, que digamos: con permiso de los Singverein vieneses -que ya no son lo que fueron-, y sin…
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