El pasado fin de semana, un nutrido público pudo asistir al que, sin lugar a ninguna duda, denominaré el mejor concierto de la Orquesta Sinfónica en mucho tiempo o, en términos absolutos, una magnífica presentación de esa agrupación. Lo interesante de la velada fue que el sabor de la primera parte no fue precisamente dulce, aunque lo apreciado durante el complemento valió tanto la pena que alcanzó para revertir absolutamente esa impresión.
Comenzó el programa con el Concierto para Violoncello y Orquesta en La Menor Op. 129 de Robert Schumann, una obra ciertamente poco afortunada de uno de los más grandes representantes del romanticismo alemán. Atípicamente, se trata de una obra absolutamente falta de la principal particularidad de ese músico, que es el lirismo que aplica a sus partituras, entre cuyos mejores ejemplos se encuentran sus…
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