Intensos dolores de cabeza me costó la asistencia anoche a la representación en versión no escenificada de la ópera La Donna del Lago de Rossini. Fueron, sin duda, un efecto secundario de someterme a los sonidos que emitió la orquesta Pablo Sarasate desde el escenario del Kursaal. Ejecutaron una interpretación irregular, desigual, descosida y estridente. Las cuerdas no marcaban una línea melódica definida, los vientos estuvieron destemplados hasta lo indecible, y todo esto sin ningún orden especial capaz de aflorar la partitura rossiniana, cada uno de los músicos parecía aislado intentando leer las notas de un lenguaje ignoto.
Hay que añadir que se incrustó en el elenco orquestal a la banda de música "La Pamplonesa", famosa por alegrar a guiris e indígenas en las ruidosas fiestas de San Fermín. Quizás esto sea el preludio a una posible…
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