Las óperas se suelen dividir, según la tradición teatral, en actos y éstos en cuadros que, a su vez, lo hacen en escenas. Una correcta y útil organización del drama mientras no nos quedemos en la literalidad de lo de los cuadros. Si tal sucede, se puede acabar por convertir la representación de vida que supone la ópera –teatro cantado, al fin- en una sucesión de obras pictóricas en tres dimensiones con una bella música de fondo o en un concierto ilustrado por [más o menos] afortunadas expresiones plásticas basadas en la música y el texto de la obra supuestamente representada.
Al abrir el telón, se pudo ver lo que muy bien podía ser una pintura romántica sobre temas históricos escoceses (la acción se sitúa en la Escocia del s. XVII): sobre el fondo de un bosque, a la izquierda del escenario, un grupo estático de hombres. Vestidos con las…
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