Debo confesar que, en principio, concuerdo con la definición que Joseph Kerman dio de ‘Tosca’, la ópera, al calificarla como una shabby little shocker, lo que se traduciría más o menos como una pequeña y emotiva cursi; sin embargo es cierto que es una de las óperas preferidas por los operópatas. Es cierto que Puccini logra construir hermosas melodías y se atreve a muy osadas armonizaciones, pero también es cierto que normalmente, por lo menos en el caso de Tosca, tales melodías y sorpresas armónicas se encuentran totalmente separadas del discurso dramático de la ópera.
Estamos acostumbrados a la producción realista de Zefirelli, tanto en el Metropolitan como en Covent Garden, por lo que cualquier producción diferente será sometida a un escrutinio profundo por parte de los espectadores. Por mi parte, prefiero una puesta en escena…
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