Con una aclamación explosiva acogieron los oyentes que llenaron el Teatro Nacional (TN), el viernes, la sensacional interpretación del francés Cédric Tiberghien, como solista, en el Concierto N° 1 para piano y orquesta, de Johannes Brahms (1833-1897), máxima figura del posromanticismo en la tradición austro-germana. Igual elogio mereció el acompañamiento encendido provisto por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), conducida con mano experta por el noruego Per Brevig, director invitado.
Con la obra de Brahms, compuesta en 1858, terminó el octavo concierto de la temporada oficial de la OSN, que se inició con el Scherzo caprichoso de Antonín Dvorák (1841-1904), representante preeminente del posromanticismo bohemio, que compuso la pieza en 1883, y siguió con la Sinfonía N° 9 de Dmitri Shostacovich (1906-1975), exponente insigne del sinfonismo…
Comentarios