Es admirable como la sola presencia de la soprano Kiri Te Kanawa sirvió para encandilar a un publico que incluso antes de emitirse nota alguna ya estaba rendido a sus pies de la artista neozelandesa. Es que la naturalidad, la expresividad y el gusto en el fraseo son moneda corriente en cada presentación de Kiri Te Kanawa y este concierto no fue la excepción. Si bien es cierto que el paso del tiempo no perdona y que ni la frescura, ni la proyección es la de antaño, aún la voz conserva cuerpo y uniformidad y el canto una increíble capacidad de comunicación que unidos a una estudiada elección y estructuración de los fragmentos escogidos y a su siempre omnipresente carisma constituyeron la formula del éxito de esta presentación con la cual quedó inaugurada la temporada 2004-5 de la Orquesta Sinfónica de Montreal.
El programa comenzó con no…
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