Un público más mundano del que habitualmente sigue los recitales de piano en el Auditorio Nacional de la Música aplaudió con cierto entusiasmo a Daniel Barenboim -músico de moda, al parecer, entre empresarios, intelectuales y políticos al uso, a la vista de lo que se pudo observar en los vestíbulos y pasillos del Auditorio- tras su interpretación del primer cuaderno de El clave bien temperado de J. S. Bach, ese “musicazo”, como lo denominaba recientemente un crítico en el comentario -ejemplo insufrible de banalidad posh-moderna (debo este neologismo a la escritora Mª Teresa Giménez Barbat. Se forma con el vocablo inglés posh -cursi- y el español moderno, resultando una parodia del término posmoderno) y frivolidad demagógica- incluido en una de las entregas de la colección de discos de música clásica que pone en los kioscos un diario…
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