España - Madrid

Alba Ventura: talento joven

Aimée Guerrero

miércoles, 13 de octubre de 2004
Madrid, miércoles, 29 de septiembre de 2004. Auditorio Nacional de Música, Sala Sinfónica. Alba Ventura, piano. Obras. Enrique Granados: Escenas románticas ‘Mazurza’, ‘Berceuse’, ‘Allegretto’, ‘Allegro appassionato’, ‘Epílogo’; Manuel de Falla: ‘Fantasía Baetica’; Serguei Procofiev: ‘Romeo y Julieta’, op. 75 Selección: ‘Danza’, ‘La joven Julieta’, ‘Montescos y Capuletos’, ‘Romeo y Julieta antes de la separación’; Igor Stravinski: ‘Petrushka’ Tres movimientos: ‘Danza rusa’, ‘En el cuchitril de Petrushka’, ‘Fiesta de la Semana de Carnaval’. Ciclo de jóvenes intérpretes. Localidades: 2290. Aforo: 70 %
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El Ciclo de Jóvenes Intérpretes será breve pero con indicios prometedores. La inauguración estuvo a cargo de la pianista española Alba Ventura (Barcelona, 1978), que demuestra dotes suficientes para encaminar un futuro musical excelente. Su rigurosa formación pianística, primero en su Barcelona natal, luego en Madrid y por último en Londres ha sido paralela a diversos conciertos y giras nacionales y europeas, conduciéndola a un dominio del instrumento y del escenario, un saber estar que sin dudas muestran su talento.

Respeto a la música, a través de la lectura e interpretación de las partituras, y al público, que en más de una ocasión volvió a demostrar desdén y descontrol en la audición. Alba presentó un programa bastante homogéneo en la interpretación. La primera parte reservada a dos importantes compositores españoles de finales del XIX y primera parte del XX. Las Escenas románticas de Granados sonaron con gran control de sonido a través del uso de pedales y timbres, en una concepción muy introvertida y delicada. La ‘Mazurca’, seguida de la ‘Berceuse’, con una interpretación íntima, transparente, hasta llegar al Allegro, apasionado, donde los f y crescendos aparecieron justificados por el carácter. Una mayor energía que enseguida se disolvió para dar paso nuevamente al romanticismo más recogido o de salón con el ‘Epílogo’.

La libertad expresiva de Alba y su conexión con los oyentes se hizo más cercana y extrovertida en la Fantasía Baética. Su precisión digital y rítmica remarcó el carácter de esta obra, compleja desde el punto de vista dramático y pianístico. Los contrastes de caracteres se acentuaron con las variaciones de intensidad, aunque hubo algunos momentos climáticos, como el final, que adolecieron de la brillantez sonora esperada.

Luego de un breve intermedio se escuchó una selección de Romeo y Julieta. La pianista fue rigurosa en la presentación de los diferentes planos tímbricos, se agradece la transparencia en el discurso musical. El comienzo previsible, correcto. En ‘Montescos y Capuletos’ la concepción se hizo más pesante, las frases bien definidas marcaron el carácter altivo hasta llegar a la ingenuidad de las líneas expresivas de la última pieza, poco a poco muriendo, nuevamente muy equilibrados los planos sonoros, el control del sonido y el contra canto de las líneas melódicas.

Ventura mostró dominio técnico y madurez intelectual en Stravinski. Los tres movimientos de Petrushka requieren gran expresividad y cambios de caracteres extremos, junto a una resistencia física que la joven pianista demostró a través una claridad precisa en los diseños rítmicos y melódicos.

Un programa digno de grandes pianistas, que sin duda alaba el trabajo reflexivo de Alba. Una pianista que cuida al detalle la dramaturgia de las obras, el fraseo y el equilibrio sonoro.

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