Con la excusa del parecido entre denominaciones, el violinista Ara Malikian y su conjunto brindaron al público vallisoletano un extraño concierto en el que la primera parte realmente no tenía nada que ver con la segunda, probablemente en un alarde (fallido) de querer mostrar su flexibilidad a la hora de adaptarse a músicas de estilos tan dispares. La cosa no funcionó demasiado bien, más que por la falta de excusa vertebradora más importante -que sí se hubiera agradecido-, por los problemas intrínsecos de los que se adoleció, sobre todo en la primera parte del concierto.
Empecemos por el “gato por liebre”, es decir, la interpretación de esos conciertos para violín (archi)conocidos como Las cuatro estaciones. Varias cosas resultaron claramente censurables: para empezar, interrumpir la ejecución de la música entre movimiento y movimiento,…
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