Es ya un tópico repetirlo, pero demasiados directores de escena están más preocupados por impresionar al público o dar un 'enfoque nuevo' a la obra que por realizar bien su trabajo. Y eso es lo que le ha ocurrido a Plaza en esta ocasión. Partícipe de la reciente moda de 'sacar el olor a churros' a la zarzuela -aunque La Dolores sea una ópera- llenó el escenario de elementos 'significantes' y se olvidó de narrar una historia. Como aficionada al arte contemporáneo, puedo disfrutar de las múltiples alusiones al arte contemporáneo en los decorados (se vió Tapies, Barceló, Picasso, Solana, Saura, etc.), amparadas en el supuesto españolismo de La Dolores. Pero la escenografía de uná ópera no debe ser un mero ejercicio de cultura artística, sino servir a la partitura y la narración teatral, y en este caso los decorados significaron, en la…
Comentarios