Que una escuela superior de música pueda ofrecer un buen concierto, de alta calidad, incluyendo una obra de reconocidas dificultades, con apenas un mes, o menos aún, de preparación, es de por sí una proeza que muy pocas en el mundo podrán emular. Con ello está todo dicho sobre la Escuela Superior de Música Reina Sofía que, hoy por hoy, es un centro de formación de profesionales del futuro que nada tiene que envidiar a otras instituciones similares de elevada categoría, en países con mucha mayor tradición en estos menesteres que el nuestro. Que haya tenido que ser la iniciativa privada que lo ha conseguido no deja precisamente bien situado a los estamentos públicos, pero ya se puede vislumbrar que el ejemplo que están dando los alumnos de la Escuela Reina Sofía –entre los cuales se encuentran cada vez un número mayor de españoles– ha…
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