La puesta en escena de Sokolov siempre es sobria, como una invitación al recogimiento. Parece tener prisa por llegar al piano y empezar a tocar. Como decía este verano el compañero Binaghi desde Bruselas, los buenos conciertos dan para menos crítica que los malos, a propósito de un recital de Thomas Hampson. Me temo que en este caso va a ser así.
La valoración general de estas dos horas de buena música (sin contar el descanso) es que el maestro Sokolov hace dos lecturas de lo que toca. Por una parte hace la lectura musical del texto, respetuosa y fiel. Por otro lado hace su lectura, inédita, sorprendente, que imprime carácter a cada concierto de este enorme Músico. Ninguna de las dos lecturas se hacen competencia: cohabitan perfectamente, se complementan, se ayudan, e iluminan zonas de los compositores que interpreta a las que no estamos…
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