Hace unos años, en Valencia, tras un concierto dirigiendo al Ensamble Intercontemporain, le pregunté con chanza a Pierre Boulez que dónde había encontrado la fuente de la eterna juventud. Me miró algo perplejo, con ojos chispeantes y se sonrío, encogiéndose de hombros. Estos días, en Madrid, a punto de cumplir sus primeros ochenta años, no pensé que fuera necesario volverle a preguntar lo mismo, pues es evidente que el maestro sigue teniendo la misma edad aparente desde hace ya más de veinte años, sea como sea que lo haya conseguido. Mas no sólo físicamente, sino también en su concepción y ejecución de las partituras que le son más afines. Algo que me pareció especialmente palpable tras escuchar la Sacre, obra que le he visto dirigir en varias ocasiones en estos últimos veinte o veinticinco años. Boulez es ya un clásico de si mismo, al…
Comentarios