Oyendo la interpretación de la Séptima sinfonía de Mahler no pude dejar de acordarme, con una sonrisa en los labios, de una expresión, una caricatura en clave de humor de lo que estaba escuchando yo a Boulez y la Sinfónica de Londres, muy repetida por un buen amigo, profesor de historia en Tarragona: el aristotelismo de la secuencia lógica exposición, nudo y desenlace. Boulez, entre aristotélico y cartesiano, siempre con la partitura en el atril, monta la obra con enorme precisión y con un claro y preciso concepto global de la misma, de sus exposiciones, desarrollos y desenlaces, desde el primer al último compás. No hay lugar para la improvisación, para la expansión expresiva del momento. Todo está medido, calculado y expuesto con una claridad meridiana.
Parece como si el director, sin batuta pero con gestos manuales especialmente…
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