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Iniciar sesión Crear cuentaEste artículo de Fernando Peregrín se publica por cortesía de REVISTA DE libros, Madrid. REVISTA DE libros es una publicación de carácter bibliográfico que intenta ir más allá del enfoque puramente informativo y ofrecer un análisis reposado y profundo de los libros más relevantes de nuestro panorama cultural. Con una periodicidad mensual, REVISTA DE libros quiere ofrecer un contenido plural. Así intentamos dar cabida a todas las disciplinas: historia, Literatura, Ciencias Sociales, Teoría política, Física, Filosofía, Arte, Psicología, Ciencia, Matemáticas, Música, etcétera; materias que son abordados desde la independencia crítica y el rigor intelectual por los más destacados especialistas en cada tema, tanto españoles como extranjeros.
Steven Weinberg, El sueño de una teoría final. Drakontos. Editorial Crítica, Barcelona, 1994. Weinberg cita el contrapunto en general, lo que puede dar lugar a objeciones ya que existen polifonías—mucho menos complejas y elaboradas, desde luego—originadas en otras culturas. El contrapunto tonal y, además, anotado, es claramente un invento occidental. Los grandes repertorios sinfónico y operístico de su alta cultura constituyen una de las aportaciones más extraordinarias que una civilización haya hecho al mundo actual. La democracia y el conocimiento científico son valores cada vez más interculturales. Tocante a la democracia, Amartya Sen ha argumentado sobre su interculturalidad, disertando sobre las democracias originadas en otras culturas distintas de la occidental. Empero, lo que es inequívocamente producto de la civilización europea es la democracia liberal inspirada por el individualismo (que será también la base principal de la doctrina de los derechos humanos). Cf.: Amartya Sen, El valor universal de la democracia. Letras Libres. Número 34, julio de 2004.
Este pensamiento, que se ha exhibido casi a diario en el Fórum, es flácido por ser un híbrido entre el pensamiento débil del posmodernismo relativista y multicultural, y el del catalanocéntrico, que se pretende implantar, si no como pensamiento único, sí al menos como el dominante: Y es circular porque gira en círculos si cesar en torno al ombligo del catalanismo más recalcitrante.
Neologismo paródico de posmodernismo que debo a la escritora Mª Teresa Giménez Barbat, formado por el término inglés posh (afectado, pijo) y el español “modernismo”.
Richard P. Feynman, El placer de descubrir. Drakontos. Editorial crítica, Barcelona, 2000. Esta frase de Feynman pertenece a una entrevista que le hicieron para un programa de la BBC Horizon, en 1981, una verdadera joya de la memoralia feynmaniana.
La relación de Carlos Kleiber con su padre fue completamente diferente a la de Feynman con el suyo. El padre de Carlos se negó rotunda, autoritaria y, muchas veces, sádicamente, a que su hijo estudiara música, pese a que desde muy pronto el niño mostró que era un superdotado para ello y que era la pasión de su infancia y adolescencia. En la biografía de Carlos hay multitud de episodios que harían las delicias de los amantes de las biografías a la moda del psicoanálisis de manual de bolsillo, que tratarían de explicar su extravagante y conflictiva carrera artística—para muchos, un auténtico desperdicio de un talento excepcional—recurriendo a todos los tópicos freudianos y, lo que es peor, de los exégetas de Freud, empezando, seguramente, por el complejo de Edipo, para justificar los sentimientos ambivalentes de admiración y odio que, según dice la leyenda, sentía Carlos por su padre. Contrariamente, el de Feynman deseó, desde el momento del nacimiento de su hijo, que éste fuera un científico, cosa que él no pudo ser, aunque, al parecer, anheló ardientemente haber podido serlo. (cf.: el capítulo 11, Father figure, del libro de John Gribbin y Mary Gribbin, Richard Feynman. A Life in Science. Dutton, Penguin Books, 1997. Se trata de una biografía bastante aceptable y de fácil y entretenida lectura.
Erich Kleiber está considerado, junto con Arturo Toscanini, como el prototipo de la corriente llamada objetiva de la dirección de orquesta, que se caracteriza por la búsqueda de partituras y documentos que reflejen lo más precisamente posible los deseos e intenciones del compositor y el cumplimiento preciso de sus anotaciones e instrucciones. En palabras de Igor Stravinsky: ”un director de orquesta debe parecerse lo más posible a un tañedor de campanas”. No obstante, existe mucha controversia sobre la objetividad analítica y la subjetividad romántica referidas a la interpretación musical en general y a la de la dirección orquestal, en particular.
Basten dos ejemplos: la videograbación del Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena (1989), donde Kleiber se consagró como gran edecán del vals vienés, y la de la Sexta sinfonía, “Pastoral”, de Beethoven, de mediana calidad sonora, pero de un valor testimonial enorme. Realizada en vivo con un magnetófono de casetes, en el National Theater de Munich, sede de la Bayerische Staastoper, con la orquesta de la ópera (7 de noviembre de 1983), muestra cómo una sorprendida y asombrada audiencia necesita tiempo para reaccionar con aplausos que terminan en ovaciones clamorosas. Es, permítaseme la imagen, como si el maestro, con su interpretación absolutamente genial y reveladora de la archiconocida partitura hubiera puesto al público en trance y éste necesitara de un tiempo apreciable para recuperarse de su asombro, tragar saliva, salir del ensimismamiento y “hosannar” a Kleiber.
La leyenda popular de Feynman empezó con la publicación de Surely You’re Joking, Mr. Feynman! Adventures of a Curious Character; W.W. Norton and Compañy, 1984 (existe traducción española en Alianza Editorial), escrito por el propio Feynman con la colaboración—muy importante, por cierto—de Ralph Leighton. Mediante el boca en boca, este libro en el que se mezclan la autobiografía con la biografía, la sátira con el sermón, así como la información seria con las anécdotas jocosas, se convirtió en un gran best seller que se mantuvo mucho tiempo en la correspondiente lista del New York Times. Su fama alcanzó su cénit con motivo de su trabajo en la comisión presidencial que investigó el desastre del Space Shuttle Challenger, cuando en el curso de una retransmisión en vivo por televisión de una reunión de la citada comisión, demostró con un vaso de agua con hielo y materiales comprados en una ferretería que la tragedia se debió a un fallo de unas juntas tóricas. Feynman, empero, era ya legendario entre los científicos muchos años antes. Era un físico de físicos, como Carlos Kleiber fue, ante todo y sobre todo, un músico de músicos.
James Gleick, Genius. The Life and Science of Richard Feynman. Vintage Books. Random House, 1993. De Carlos Kleiber se dijo algo parecido: que era mitad un músico genial, mitad un loco, y que “sólo dirigía cuando tenía el frigorífico vacío” y necesitaba trabajar para comer (cf.: Richard Osborne, Conversations with Von Karajan. Harpercollins, 1990).
Richard P. Feynman, The Character of Physical Law. The MIT Press, 1967 (existe traducción española en la colección Metatemas de Tusquets Editores). Uno de los mejores textos de divulgación y explicación del pensamiento crítico aplicado a la ciencia.
Adicionalmente, la belleza es uno de los motores más poderosos para generar hipótesis o conjeturas en las ciencias naturales. Y aunque, insistiendo en lo ya dicho en el texto principal de esa reseña, no existe necesariamente relación directa entre verdad y belleza, no es menos cierto que las teorías más fecundas, fiables y precisas de las ciencias naturales son de una gran belleza formal y conceptual (cf.: Helge Kragh, Dirac: A Scientific Biography. Cambridge University Press, 1990).
Mario Vargas Llosa, La agonía de Occidente. El País, 18 de abril de 2004.
Teoría de la fuerza fuerte, equivalente a la QED, que estudia la fuerza (o interacciones) electromagnética (posteriormente unida con la llamada fuerza débil).
Helena Matheopoulus, Maestro. Incontri con i grandi direttori d’oechestra. Garzanti Editore, 1983 (traducción italiana del original en inglés. Existe también traducción española en la editorial Ma Non Troppo). Paolo Isotta, Protagonisti della Musica. Longanesi, 1988. Fernando Peregrín, Hijo de un dios menor. Recuerdos de un kleiberiano viejo. Mundo Clásico, 1999. Todo lo que se ha escrito sobre Carlos Kleiber se basa en experiencias de los autores y en testimonios de músicos y otros profesionales de la música que han trabajado con él, o mantenido una amistad con el fallecido maestro, pues él detestaba las entrevistas y cualquier otro tipo de publicidad.
Richard P. Feynman, El placer de descubrir, op. cit.
Kleiber, al contrario de muchos músicos (sobre todo, compositores académicos contemporáneos) era muy sensible a la reacción del público tras una de sus interpretaciones. En el de Las Palmas de Gran Canaria, el 7 de enero de 1999, tras percibir que la recepción de la audiencia de la primera parte del concierto no era de gran entusiasmo, se limitó a comentar: “Parece que no les ha gustado mucho. ¡Cuánto lo siento!” En honor del buen gusto de los espectadores de ese concierto hay que decir que, finalizada la segunda parte, las ovaciones fueron clamorosas y persistentes (cf.: Fernando Peregrín, op. cit.)
Aunque interesante y de amena lectura, el libro de Mlodinow no aporta mucha información a lo que ya se sabía de la vida, la ciencia y el pensamiento de Feynman. La biografía más completa, a mi entender, es la de Jagdish Mehra, The Beat of a Different Drum. The Life and Science of Richard Feynman. Oxford University Press, 1994. El título hace alusión a la afición—y destreza—de Feymana a tañer el bongó. Puede consultarse una breve bibliografía comentada en Fernando Peregrín, El legado de un genio. El Escéptico (ARP-Sapc), número 4, primavera de 1999.
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