Nunca una ópera, ni como creación ni como interpretación, ha sido simplemente una manifestación artística. Son otros muchos los intereses, sociales, económicos o políticos, que se suelen aparejar a ella. En este sentido, el estreno en Valencia, más de dos siglos después de su composición, de Il burbero di buon cuore se presentaba como un experimento muy interesante con varias ramificaciones. Por un lado, se iba a acceder por fin al conocimiento de la obra de uno de los, teóricamente, más insignes compositores valencianos de la historia, una figura que se quiere recuperar y que cuyas fechas vitales invitan a hacerlo en un relativo corto espacio de tiempo: 2004, doscientos cincuenta aniversario de su nacimiento y 2006, segundo centenario de su muerte. Por otro, este semiestreno tenía como protagonistas a un grupo de artistas locales, lo…
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