Così fan tutte no ofrece asideros. En su interpretación, cantantes e instrumentistas quedan totalmente expuestos, como suspendidos en un espacio nítido, sin más sustento que el tornasol de timbres y tonalidades. Muchas de sus escenografías no encuentran otra solución que la de mantenerse en un discreto segundo plano. No pretenden construir burladeros ni entorpecer el discurso profundo de la música. Es lógico. Ópera bufa quintaesenciada, sublima y a la vez revienta el modelo que la tradición le ha servido. En Così, la acción exterior, pese al impulso de los tres tríos iniciales, pronto deviene en drama interno, psicológico. Y es ahí, en la transustanciación de la materia física (sonido) en sentimiento de humana polisemia, donde entra la madurez del responsable musical.En esta tercera y última entrega de la colaboración entre Mozart y Da…
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