De un tiempo a esta parte, el oficio de director de orquesta ha perdido algo de la exclusividad que lo ha caracterizado desde los tiempos de Hans von Bülow. En efecto, cada vez es más corriente ver cómo músicos que han destacado como instrumentistas se pasan al otro lado de la ventanilla y agarran una batuta. Y aunque lo más habitual es que estos nuevos directores hayan dado el salto después de carreras más o menos brillantes al piano (los más) o al violín (los no tantos), tampoco es extraordinario que un músico formado en los instrumentos de madera se apunte a ese mismo carro: ahí están los rutilantes ejemplos de Sir Colin Davis –clarinetista-, o de Rudolf Kempe -que procede del oboe, igual que Hansjörg Schellenberger.
La biografía de Schellenberger (Múnich, 1948) que recoge el programa de mano de esta noche es un tanto engañosa al decir…
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