Escuchar a buenos músicos jóvenes es siempre un placer. Tocan con ganas, y cuando la duración de un concierto excede los límites normales, no miran sus relojes. Más bien al revés: los oyentes se ponen inquietos cuando han pasado dos horas desde el inicio del concierto, y éste – en particular– duró dos horas y media, incluido las propinas, que en esta ocasión fueron extremadamente generosas.
Con un reducido número de cuerdas y un clavecín acompañando a los solistas, oímos una pulcra, limpia y sentida versión del célebre doble concierto de Bach. Fueron los solistas que le imprimieron el estilo que quisieron y que se hizo notar particularmente en el Largo ma non tanto. Muy romántico, sonoramente expresivo, pero de Bach, ... poco o nada. La cuestión si hoy día aún se justifica tocar esta música así es tema de acaloradas discusiones. En este…
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