Ante todo, un sincero aplauso y agradecimiento al Liceo de Cámara, que bajo la inteligente y visionaria dirección de D. Antonio Moral ha hecho posible que gozáramos en Madrid de la maestría extraordinaria de un gran músico, H.I.F. von Biber (1644-1704), muerto hace 300 años, y de la no menos extraordinaria sapiencia de un reducido grupo de músicos italianos, agrupados bajo el lema ‘La Risonanza’, para interpretarla para nosotros.
Biber era un fenómeno, injustamente relegado. Ojalá la celebración de sus efemérides resucite sus obras. El único obstáculo para ello sería la dificultad de ejecución de la mayoría de éstas, porque Biber llevó la ejecución del violín a alturas hasta entonces desconocidas. En rigor, llevó a la música para violín más allá de lo que estamos acostumbrados hasta hoy: a través de la scordatura -o sea, la desafinación…
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