Mostrar hoy en día toda la vena romántica contenida en la obra maestra de Jules Massenet basada en Las desventuras del joven Werther y pasada por el tamiz de los libretistas Blau, Milliet y Hartmann, requiere una dirección escénica de altura y una ambientación de decorados acorde con los tiempos y el teatro. De todo ello hubo en la inauguración de la IX temporada lírica del Palacio de Festivales de Cantabria.
Una producción del Staatstheater de Nürnberg que con economía de medios ha logrado resultados inesperados. Por ejemplo, el decorado de Stefan Heinrichs es todo un acierto: una estructura fija y alabeada sobre el suelo del escenario sobre la que gravita otra, móvil, individualizando entre ambas el lugar de acción de los personajes y oponiendo los dos universos, el interior- el hogar, la familia, el amor, la protección- y el exterior…
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