Berlín, 27 de abril de 1978; en su despacho de la Philharmonie el intendente Wolfgang Stresemann contesta las preguntas del periodista Klaus Lang, quien se muestra interesado por saber cuáles fueron las razones para invitar a dirigir a un ‘novato’ (sic) como Antonio (también sic) Ros-Marbà: ‘El propio Karajan recomendó a Ros-Marbà. Es importante invitar a directores a la Filarmónica de Berlín sólo cuando tienes buenas razones para esperar que vendrán de nuevo. Nada de maravillas que duran nueve días.’ () Algo me dice que semejante piropo en boca de uno de los personajes más autorizados del mundo sinfónico del siglo XX tenía un fundamento evidente: en aquellos conciertos berlineses Antoni Ros-Marbà había tocado música francesa.
Y qué bueno ha sido comprobar que veintitantos años después sigue habiendo motivo para otro tanto. No sé cómo…
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