Antoni Ros-Marbà se desmayó al empezar el segundo movimiento del Concierto de Copland, pero su atril y, sobre todo, la rápida y segura intervención de Manuel Juan evitaron que la cosa fuera a mayores. Cosas que pasan. Las que no debieron pasar son aquéllas relativas a la dirección técnica de la Filharmonía, que tardó sus buenos quince minutos antes de anunciar el adelanto de la pausa en ese momento, para luego hacer mutis por el foro (tal vez en demostración de costumbres locales tan arraigadas como la urticaria por las explicaciones -incluso cuando no hay nada de qué avergonzarse- y así dejar que los rumores sean más importantes que las noticias).
El público, percatado de la llegada del 061 al Auditorio, habría agradecido algún anuncio tranquilizador acerca de la salud del maestro, en lugar de esperar casi otra media hora para averiguar…
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