El Orfeo ed Euridice concebido por Joan Font (Els Comediants) y que ha cerrado la breve IX temporada lírica de Cantabria ilustra de manera ejemplar la dificultad de montar este tipo de obras con cierta audacia sin que su contenido ni dramaturgia se resientan o sufran menoscabo. El montaje de la obra, bonito, colorista, movido, funciona, pero es lo “evidente” lo que chirría: Optar por un uso simbólico de colores tan ingenuo (negro = muerte, rojo = fuego y pasión, verde = esperanza, naturaleza y blanco = pureza, final feliz), no contribuye a que el espectador se sumerja y penetre en los recovecos del alma de los personajes; antes bien, impide el deseado acercamiento y provoca una falsa complacencia, lo que para una ópera intimista y dotada de una maravillosa música que explora el mundo de las emociones y los sentimientos intensos queda un…
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