El profesor Rainer Schmidt ha dado en el clavo: hacer tocar a cuatro cuartetos de cuerda permanentes en un conjunto –formación 4/4/4/4– eventualmente reforzados por un contrabajo si la partitura lo exige, es desde luego no solamente una brillante idea, sino insuperable, en materia de cohesión y sonido, por experimentados que sean los integrantes individuales de una buena orquesta de cámara sin esas características. Porque no hay nada como el cultivo de la música a través del cuarteto para aunar criterios de afinación – criterios influenciados por el sonido, por las exigencias de entonación natural para que salgan, a su vez, vibraciones en simpatía. Solamente se descubren los secretos sonoros así obtenibles si uno trabaja concienzudamente en semejante formación.
La cátedra creada hace un año o dos para cuartetos de cuerda ya establecidos,…
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