Cuando a la mejor insolencia juvenil en todos los intérpretes se une una batuta con las ideas claras y una puesta en escena brillante en el aprovechamiento de medios escasos a favor de lo que debe ser la magia del teatro musical, el espectáculo es bueno. Si, además, todo eso se pone al servicio de Rossini, la función es memorable. Así que empiezo por el final: el público se lo pasó de rechupete y aplaudió fuerte y con ganas. Tutti bravissimi!
L’occasione fa il ladro es una de las deliciosas farsas venecianas (no me resisto a omitir el vocablo técnico italiano, burletta) a las que el adolescente Rossini (veinte años recién cumplidos) se dedicó para empezar a hacer carrera. ¡Qué eufemismo! Porque en esta obrita se dan cita ya todos y cada uno de los elementos musicales y teatrales que hacen de las comedias rossinianas una de las más…
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