Para el segundo de sus programas canarios Bernard Haitink volvió a acertar en la combinación de autores. Si ayer la sana humanidad de Haydn sirvió para contrarrestar el drama mahleriano, hoy fue Mozart quien procuró el drama antes de la serenidad de Bruckner, de forma que, en uno y en otro caso, el equilibrio emocional estuvo garantizado. Por más que Haitink no es de los que recalca los dramas, sino que simplemente los deja fluir: él es sólo un árbitro –de primera división- en el complicado juego a tres bandas entre la partitura, la orquesta y el público.
Así, su Mozart suena natural, sin amaneramientos romanticistas y sin radicalismos historicistas: al igual que en Haydn –y empleando exactamente la misma plantilla de cuerda que ayer- Haitink procura que los planos sonoros salgan cuidadosamente diferenciados, buscando siempre la claridad…
Comentarios