‘No se dirige música para pasarlo uno bien, sino para que el público disfrute; no hay que sudar al dirigir, sólo el público debe calentarse; dirija usted Elektra y Salomé como si fueran los cuentos de hadas de Mendelssohn; nunca mire al metal invitándole a soplar más, pero nunca pierda de vista a las trompas y a la madera: si puede usted oirles, es que ya están sonando demasiado fuerte; cuando crea que ya ha alcanzado el máximo prestissimo, doble usted la velocidad…’ Bernard Haitink sigue al pie de la letra éstos y otros mandamientos que Richard Strauss –medio en broma, pero sobre todo medio en serio- dejó escritos como vademecum para los directores musicales de sus obras. Porque seguramente es Strauss uno de los autores cuya música más conviene a nuestro hombre.
En efecto, Haitink es un maestro en el delicado equilibrio de los dos juegos…
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