Toda, pero que todita, toda la razón; sí señor. De esta 3ª sinfonía, dice Luis Suñén en sus notas al programa de este concierto: “Elgar había ordenado antes de morir que nadie terminara su obra, sugiriendo, incluso, que sería mejor quemarla”. También apunta que “los herederos [de Elgar] pensaron al principio que debían respetarse esoe deseos pero, más adelante, decidieron permitir el trabajo de Payne en la sospecha de que a partir del año 2004 , en que pasaría al dominio público el libro de Reed [nota 1], cualquiera podría ponerse a ello y sin su tutela. Es la eterna lucha entre los derechos del artista una vez que no está y los de quienes aman su obra, con el mercado, naturalmente, como catalizador de la reacción”.
Una acotación: lo que pasó a dominio público en 2004 fue la obra de Elgar, al cumplirse los 60 años de su fallecimiento. Un…
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