Los cargos en la dirección de las orquestas son tan variables, volubles, variopintos y volátiles como los de los gabinetes ministeriales: hay directores titulares –musicales o no-, directores invitados –principales o segundones-, directores eméritos –cuáles sean esos méritos es otro cantar-, directores laureados -con más o menos entorchados y condecoraciones-, directores artísticos, directores asociados, e incluso co-directores; en fin, hay también directores cesantes, directores pendientes de toma de posesión, y hasta directores in pectore.
Y asimismo existe –aunque no formalmente- la figura del director transeúnte, que se predica de aquél que viene de modo ocasional, hace sus tres o cuatro ensayos, da el concierto, pasa por caja, y se va. Entre ellos, cabe aún una subdivisión más: los que se van con viento fresco, y los que se van con…
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