Tiene Josep Pons, y ya lo hemos comentado en alguna ocasión, un especial sentido de la estructura y el orden en sus conciertos, en los que dirige con gran habilidad no sólo la orquesta, sino también las reacciones de su público. Este, siendo de gran duración, no pareció largo; en absoluto. Antes bien, fue un concierto de esos en los que el público sale comentándolo sonriente con el vecino de localidad o tarareando alguna de las melodías escuchadas. Esa noche, naturalmente, se oía mucho Mozart a la salida: el buen orden funcionó.
Fue un programa de los que, a nada que se hagan bien las cosas, hacen afición. Y hubo muchas cosas bien hechas en el concierto: la primera, por la obra en sí y por la interpretación, el estreno absoluto de Poseidon und Amfitrite, original de Wladimir Rosinskiy. Rosinskiy es violista de la Sinfónica desde 1995 y ya…
Comentarios