Aún impresionado del concierto de la víspera, nuevamente hubo que constatar que, en lo que a música vienesa se refiere, el conjunto que nos visita difícilmente tiene rival que le supere. Lo que llama la atención es que, a pesar del sumo cuidado del más nimio detalle, su discurso tiene largo aliento. Un momento de clímax es cuidadosamente preparado desde bastante antes de producirse, y por supuesto deja así un efecto mucho más impresionante. Y todo esto se hace sin utilizar recursos baratos o vulgares, antes al contrario, hay una elegante discreción que solo en momentos álgidos es contrastada con exuberantes muestras de vigor y energía. Los cuatro miembros del cuarteto son instrumentistas de una envidiable destreza. Pichler en su sitio de primer violín tiene que habérselas con las imposibles filigranas que Schubert le impone, pero cuando…
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