Siempre es gratificante enterarse que haya jóvenes músicos españoles que se dedican con cuerpo y alma al cultivo del cuarteto de cuerdas. Con la penuria de cuerdas altas formadas en el país, no debe extrañar que el género no se cultive con la frecuencia deseable, y si asoma una nueva formación, esto debe celebrarse y apoyarse sin reservas.
La sala de la Escuela Superior de Obras Públicas, un auditorio alargado, con techo forrado en placas anti-resonancia, tiene, no obstante, una acústica aceptable para el público, pero da la impresión de potenciar algo los agudos y mitigar los graves. En un ambiente típicamente universitario, con las primeras filas de asientos reservadas a catedráticos y sus allegados, no sorprendió que el concierto se iniciase 15 minutos más tarde de lo anunciado – la parte social tiene, en estas ocasiones, su peso y se…
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