Comenzó el concierto con la conocidísima Suite para orquesta nº 3 de Bach, obra mil veces escuchada en grabación, pero no tantas en vivo. Cuando esto sucede, una se vuelve poco comprensiva con los desajustes en el tempo entre las secciones de la orquesta, especialmente en la Obertura y la Gavotta. Aun así califico la interpretación-dirección como ‘valiente’, en el sentido de que Pons no encorsetó a los músicos, dejándoles sueltos en las danzas rápidas. En la celebérrima 'Aria', sin embargo, el control fue excesivo, y si bien técnicamente no había nada que objetar (arcos muy largos en la cuerda, buena emisión en los oboes), el resultado no fue especialmente conmovedor. No conviene olvidar que las tres trompetas se “equilibraron” perfectamente con la orquesta (controlaron el sonido sin propasarse).
El plato fuerte de la jornada venía a…
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