La presente temporada de la Real Filharmonia de Galicia está destacando por dos aspectos importantísimos para el desarrollo de la orquesta: por un lado, la programación imaginativa de unas obras que, respetando el tamaño de la agrupación, ensanchan sus horizontes artísticos; por otro lado, la cuidada selección de los directores invitados. En ocasiones, uno y otro factor han coincidido, procurando noches felices como las que dieron Hansjörg Schellenberger y Paul Daniel. En otras, como la de hoy, sólo pudo disfrutarse de uno de esos dos elementos.
Las Variaciones concertantes de Alberto Ginastera constituye un buen ejemplo –aún hay soñadores que creen que los compositores viven del aire- de cómo una obra de comisión no tiene porqué estar reñida con el éxito artístico y de público. Mucho ojo debieron tener los de la Asociación de Amigos de…
Comentarios