La última vez que oímos al dúo Zukerman/Neikrug en Madrid, en la Sala Sinfónica, él tocaba viola. Se advirtió que no se sentía demasiado cómodo en esa sala tan grande. Esta vez, tocando violín, inmediatamente se notó que la mayor inmediatez e intimidad de la Sala de Cámara le ayudó a estar a sus anchas – y esto es perfectamente comprensible.
Zukerman es un violinista que se formó – y que empezó su carrera – cuando en el mundo existía aún un star-system en materia de violinistas: Menuhin, Szeryng, Stern, Oistrakh, Kreisler acababa de morir, Szigeti acababa de retirarse. Por ello no debe sorprendernos que él hace su música como en esa época, que muchos añoran, pero que en materia de fidelidad a sonoridades históricas padecía aún de la costumbre, nacida en la primera mitad del siglo XX, del eterno vibrato. Con las últimas pesquisas ya no…
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