Tiene la Suite de Carmen de Shchedrin -mis asesores en aliteraciones desde el ruso me recomiendan que así debe escribirse para reconstruir la ortografía alemana original y porque así está escrito en el Documento Nacional de Identidad español del compositor (1)- ese algo de la gran música que prende muy dentro del auditor desde los primeros compases de su audición. No deja de ser un buen indicio de la gran calidad de la suite el que esta obra del autor ruso-español sea gozada incluso por aquellos aficionados que se declaran “enemigos acérrimos de arreglos”. No es mala, desde luego, la vida de una obra sinfónica que va ganando adeptos con el paso del tiempo. Porque para enemigos, y poderosos, ya los tuvo desde su estreno.
La historia de la Suite de Carmen es interesante. Su origen es el encargo de un nuevo ballet que Maya Plitseskaya…
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