Dicen que no hay mal que por bien no venga: esta noche Maria Joâo Pires tenía que haber tocado el concierto Jeunehomme de Mozart, pero una enfermedad –más que acreditada- la obligó a cancelar. En su lugar, los responsables de la Real Filharmonía acudieron a los buenos oficios de Josep M. Colom, quien, por esas casualidades de la vida, tenía en estos momentos en sus manos el Tercer concierto de Beethoven, el único de la colección de su autor que no se pudo escuchar el año pasado al suspenderse el concierto en que estaba programado, por causa del espanto del 11 de marzo en Madrid.
Y la laguna fue colmada más que dignamente –incluso en el programa de mano se pudo leer las notas que Xoán M. Carreira escribió para el concierto del año pasado y que entonces quedaron inéditas-. La madurez beethoveniana se expresa en do menor, y Ros-Marbà y la…
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