Parece mentira que en materia interpretativa, sobre todo en el campo del cuarteto de cuerdas, la tradición que parte del siglo 20 suene más chapada a la antigua que la que se practica, hoy en día, sobre la base de usos historicistas que se remontan a dos a tres siglos. Esto quedó nuevamente evidente en este concierto a cargo del afamado Cuarteto de Tokio: así oí sonar hace medio siglo (o más) al cuarteto Budapest, al cuarteto Lehner, o al cuarteto Löwenguth.
El Cuarteto de Tokio, radicado en EEUU (a pesar de su nombre) donde también hacen labor pedagógica, suena de forma inmaculada: todo está en su sitio, el fraseo es perfecto, las graduaciones dinámicas – sobre todo los pianíssimos– son de una delicadeza extrema, y por supuesto, técnica y afinación demuestran un dominio total de la materia. Y no obstante, me empiezan a gustar más los…
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