Hay quienes se pasan la vida con una sola meta, la de escalar las montañas más altas, otros se dedican a investigar las profundidades del océano y unos pocos desean ser lanzados al espacio. Sus legados son a costa de sacrificios personales y quizás de sus propias vidas.
Hay otros que tienen sus pies firmemente plantados sobre la tierra y que tienen una visión de cómo desean ver a la sociedad que los rodea. Sus metas son mucho más inmediatas y visibles, y afectan a todos cuando son logradas. Podría decirse que en un país de escasos 5.200.000 de habitantes un pequeño teatro de ópera es suficiente, después de todo en la capital, Helsinki, y la zona metropolitana habitan menos de 1.000.000 de personas. Así pensaría un contador público o una persona sin sensitividad por la cultura y por las artes, los finlandeses no piensan así.
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